Agua embotellada, ¿ecológica?

agua embotellada ecologica

Empieza a llegar al mercado español un tipo de botella de plástico con una importante novedad: por primera vez, algunos envases para bebidas incorporanPolietileno Tereftalato (PET) procedente de las plantas de reciclado, es decir, plástico que en una vida anterior ya fue una botella.

Esto estaba prohibido hasta hace muy poco en España para los envases en contacto con alimentos y ha sido un cambio legal de hace dos años lo que ha desencadenado una modificación que tiene más implicaciones de lo que parece. Hasta el momento, esta imperceptible metamorfosis ha comenzado por la sección de agua embotellada de los supermercados: Primero ocurrió con botellas de 1,5 litros de Font Vella, en julio de 2009, pero ahora le han seguido de forma muy reciente todos los envases de plástico de la marca Veri y una nueva garrafa de 6,25 litros de Font Vella, lanzada al mercado con el nombre de “ecoligera”.

A diferencia de la industria del vidrio o del papel, donde un producto al final de su ciclo de vida constituye materia prima que puede volver a ser reintroducida al principio del proceso de fabricación, hasta ahora las botellas de plástico PET que acaban en el contenedor amarillo para ser recicladas sólo podían ser reaprovechadas en otros sectores muy distintos. Como detalla Ecoembes, la empresa que gestiona los residuos de envases, hoy en día un 65% del PET reciclado se destina a lámina, un 30% a fibra y cerca de un 3% a fleje. Lo que traducido significa que una botella de plástico PET que se recicla acaba fundamentalmente formando parte de embalajes para juguetes, aparatos electrónicos u otros productos (lámina), así como moquetas de oficina o ropa (fibra), o en menor medida, precintos (fleje).

El cambio en la legislación española para adecuarla a la europea, a través del Real Decreto 866/2008, permite ahora cerrar el círculo y que una botella de Polietileno Tereftalato reciclado (R-PET) de una empresa de bebidas sea aprovechada para fabricar otra botella para bebidas. Esto encaja en el concepto “de la cuna a la cuna” planteado en el libro “Cradle to cradle” por el químico Michael Braungart y el arquitecto William McDonough, que defienden que los productos sean concebidos desde el principio para que al llegar al final de su ciclo de vida se pueda reincorporar una y otra vez al comienzo del proceso. La realidad es que esto no ocurre con muchos de los productos generados por una planta de reciclado, lo que a veces supone un verdadero problema para encontrar una salida a algunos materiales reciclados, en especial, en momentos de crisis económica como el actual. Por cierto que, según Braungart y McDonough, el fabricar una moqueta a partir de botellas de refrescos es sólo infrareciclar (downcycling), pues entienden que lo único que se logra es posponer su eliminación o su llegada a un vertedero.

“Nuestro objetivo es llegar a cerrar el ciclo de los envases para tener que introducir la menor cantidad de plástico virgen en la fabricación”, comentaXavier Vidal, responsable de Sostenibilidad de la marca Font Vella (perteneciente al grupo Danone). “En unos 5 ó 10 años vamos a ver cosas muy interesantes”.

Por ahora, el máximo porcentaje de plástico reciclado incorporado en una de estas nuevas botellas es de un 25%, siendo ésta una limitación técnica que se espera superar. Además, aunque ya hay recicladores españoles que han pedido la homologación a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), todavía no hay ninguno autorizado para vender PET reciclado que pueda ser utilizado en contacto con los alimentos (lo que, según Ecoembes, obliga a llevar a cabo un proceso de descontaminación conocido como super-cleaning). Así pues, el plástico reciclado utilizado en las botellas lanzadas al mercado español procede, de momento, de plantas de otros países, como Francia o Alemania.

Utilizar el equivalente reciclado en lugar de un material virgen suele suponer, casi siempre, importantes ventajas ambientales. Pero para que esta sea una opción realmente competitiva lo interesante es conseguir que esto tenga además un coste inferior para el fabricante. Este no es el caso aún de las nuevas botellas. “Hoy por hoy, el precio del PET reciclado es un poco superior al PET virgen, pues hay muy poco mercado”, especifica el representante de Font Vella, que destaca ante todo las ventajas ambientales: “Un kilo de PET reciclado requiere emitir del orden de seis veces menos CO2 que otro de material virgen a partir de petróleo”.

Entendiendo que lo primordial para este tipo de productos es que el contenido de la botella no se vea afectado por sustancias químicas que puedan migrar, esta transformación de los envases de plástico constituye una innovación muy interesante para el medio ambiente. En el caso de la nueva garrafa de 6,25 litros de Font Vella, esto ha venido acompañado además de un diseño especial que reduce en un 22% la cantidad de plástico utilizado en su fabricación y que permite optimizar mejor su transporte en camiones. En resumen, toda una serie de importantes mejoras ambientales que se han traducido en una reducción del 40% del precio final que paga el consumidor con respecto a las garrafas antiguas (una considerable bajada que demuestra también lo mucho que supone el envase en el precio final de un producto, en especial si lo que lleva dentro es agua).

Todo esto ha llevado a la marca Font Vella a colocar en el etiquetado de su nueva garrafa la denominación de “Ecoligera”, junto a las palabras“+económica”  y “+ecológica”. Y es aquí donde surge una vez más la controversia por cómo la publicidad y los mensajes comerciales utilizan en España este tipo de mensajes ambientales. ¿Se debe utilizar el prefijo “eco” o la palabra “ecológica” en la etiqueta de una botella de agua(sin especificar además que se está hablando del envase y no del contenido)? “Cuando ponemos este mensaje lo que queremos decir simplemente es que resulta más ecológica en relación con nuestras garrafas antiguas”, apunta Vidal.

Son muy numerosas las denuncias de las organizaciones de consumidores por el uso indiscriminado de apelativos como “ecológico” o “eco” en la publicidad, siendo uno de los casos más recordados cuando el grupo Danone fue obligado a cambiar el nombre de sus yogures “Bio”(que ahora se llaman “Activia”), tras regularse el uso de estas denominaciones para los alimentos procedentes de la agricultura y ganadería ecológica a través del Real Decreto 1852/1993. Del mismo modo, el Ministerio de Medio Ambiente lanzó el año pasado un código de buenas prácticas para intentar poner orden en la publicidad, en especial la de automóviles y energía.

Seguramente, el caso de la garrafa “ecoligera” no hubiera llamado tanto la atención si no se tratara de agua envasada, señalada por muchos sectores ambientalistas como un despilfarro de recursos frente al agua de grifo. “Nosotros no nos comparamos con el agua de grifo, pues es otro producto distinto“, se defiende Vila. “Nuestra agua no está tratada y tiene una composición química constante, justo lo contrario que el agua de grifo. Es otro producto muy distinto. Que sea el consumidor el que elija”.

¿Merece el bueno diseño de un envase que tiene verdaderas ventajas ambientales llevar la denominación “+ecológico” o es este un mensaje engañoso que puede confundir al consumidor sobre las cualidades del producto? ¿Vosotros qué opináis?

Fuente: Ecolab

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