La huella hídrica

Huella Hidrica en Surfrider Foundation Asturias

¿Cuánta agua se necesita para fabricar una bebida carbonatada que contiene azúcar de la que no se da el nombre? El estudio publicado en noviembre de 2009 por el Institute for Water Education de la Unesco, y realizado por investigadores de la Universidad de Twente (Holanda,) no cita ninguna marca, pero está claro que se trata de Coca Cola. Según este trabajo, una “hipotética” botella de medio litro de plástico PET de este anónimo refresco tiene una huella hídrica, es decir, requiere directa o indirectamente, entre 169 y 309 litros de agua. Pero, cuidado, estos datos a menudo son malinterpretados.

En la propia fábrica se utiliza menos del 0,3% de toda esa cantidad de agua, y es la que hay en la bebida, pues en la “hipotética” planta que el estudio ubica en Holanda se recupera toda la empleada en la limpieza, los cuartos de baño, las cocinas… Incluso las botellas se vidrio se limpian con aire antes de rellenarse. Así pues, la mayor parte de la huella hídrica se da en el resto de la cadena de producción, por el agua consumida -y la contaminada con pesticidas y fertilizantes- para la obtención de ingredientes como el azúcar, la vainilla, la cafeína (café). El elemento clave de la fórmula es el azúcar. Y el que una botella de esta bebida carbonatada necesite de 169 a 309 litros de agua dependería únicamente de si se emplease remolacha azucarera de Holanda o caña de azúcarde Cuba.

¿Tener una huella hídrica de entre 169 y 309 litros es mucho o poco? Como explica Alberto Garrido, uno de los coordinadores junto aRamón Llamas del seminario metodológico sobre la huella hídrica y sus aplicaciones en España impartido esta semana en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), estos valores deben ser utilizados con cautela, pero constituyen una buena referencia para los consumidores. Al igual que los cerca de 2.700 litros de la huella hídrica de una camiseta de algodón, los 140 de una taza de café, los 180 de un kilo de tomates o los 2.400 de una hamburguesa. “Hay que tener en cuenta el uso que se le vaya a dar a ese producto, una camiseta te la puedes poner muchas veces, una hamburguesa te la comes una sola vez”, destaca Garrido, que explica que estos valores suelen ser bastante aproximados entre países; aunque lo que cambia es la procedencia de esa agua, que puede ser de riego (denominándose agua azul) o de lluvia (agua verde)(1).

La valoración de la huella de un producto, si es mucha o poca, dependerá de dónde se haya producido, y de cuándo. Como incide el estudio de la “hipotética” botella de medio litro de bebida carbonatada, no será lo mismo si el azúcar ha salido de un país húmedo como Cuba a que provenga del cultivo de remolacha del sur de España o de Irán, o de la caña de azúcar de Pakistán. Ni tampoco será igual si se ha producido en un año de abundancia de lluvias que en otro muy seco. Y aquí es dónde resulta más interesante el uso de la huella hídrica, una herramienta metodológica muy nueva que se utiliza desde hace tan sólo ocho años.

Hoy en día, en el que todo está conectado a escala planetaria, y los camiones de Coca Cola llegan a cualquier lugar, un producto puede tener repercusiones ambientales en muy distintas partes del mundo. Por lo general, se suele considerar que el impacto de un bien será mayor si proviene de otro país lejano que si se fabrica en el mismo sitio del consumo (por el gasto de combustible en el transporte). Ahora bien, esto puede cambiar con el agua. ¿Qué pasa si en un momento de fuerte sequía en Andalucía se importa azúcar de caña desde Cuba en lugar de producirla allí mismo? “El comercio internacional puede ser una forma de redistribuir el agua y de conseguir ahorros de este recurso”, comenta Maite Aldaya, investigadora de la Universidad de Twente que participó en el estudio de la bebida carbonatada. El 16% del agua consumida en el mundo viaja de forma virtual de unos países a otros con los productos. Y, desde este punto de vista, lo ideal sería que los productos con más huella hídrica se produjesen en países con mucha agua verde o con mayor productividad. Como especifica esta investigadora, si se trata de arroz que va de EEUU (donde se utilizan 1.275 m3 de agua por tonelada)a México (donde se requieren 2.182 m3/t), se habrá producido un ahorro de este recurso a escala global. Al contrario, se habrá perdido mucha si es arroz de Tailandia (5.455 m3/t) el que se exporta a un país con mayor productividad como Indonesia (3.103 m3/t).

Según otro estudio de la Universidad de Twente, en el que participó también la organización ecologista WWF, el comercio internacional de productos agrícolas entre 1997 y 2001 habría significado un ahorro de 352 Gm3/año, el 6% del agua empleada en agricultura en el mundo. Este planteamiento tiene varias limitaciones, y no sólo la enorme complejidad de conseguir estimaciones de este tipo fiables, sino, sobre todo, el libre comercio. Los intereses de los países no tienen por qué coincidir con los del planeta. “El gestor de una cuenca hidrográfica no decide el desarrollo de la economía internacional”, comenta Garrido, profesor de Economía y Ciencias Sociales Agrarias de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la UPM. “Aunque sí va a sentir  la presión de sus regantes que demandan más agua para exportar sus producciones”.

¿De qué puede valer el cálculo de huella hídrica en un país como España? “Las evaluaciones de huella hídrica y del comercio de agua virtual han resituado el debate del agua en un contexto más global”, subraya Garrido, que especifica que cada habitante de España gasta una media de cerca de un millón de litros de agua al año en forma de alimentos, ropa, bienes… Esto es más que uno de China (700.000 litros), pero menos que otro de EEUU (2,5 millones de litros). Según ha calculado este ingeniero agrónomo en el libro “Water Footprint and Virtual Trade in Spain”, como suele ocurrir, el 80% de la huella hídrica del país corresponde a la agricultura y la ganadería. Además, España depende del agua virtual del comercio con otros países para alcanzar estos niveles, de otra manera sería difícil mantener la producción de la ganadería. En este punto, una forma distinta de analizar el problema del agua consiste en valorar a la vez la huella hídrica de cada cultivo, con su importancia para la economía y el empleo, y con su balance hídrico en el comercio internacional.

España está siendo uno de los primeros países del mundo en introducir indicadores como la huella hídrica en los planes de las cuencas hidrográficas. Y esto proporciona resultados llamativos. Así ocurre con la Cuenca del Guadalquivir, donde, como explica la investigadora Aldaya, el 82% de la huella hídrica corresponde a cultivos con una productividad muy baja de menos de 0,4 euros por m3 de agua. O con la del Guadiana, donde en el Alto Guadiana se emplean enormes cantidades de agua en cultivos de bajo valor económico, como los cereales(2), habiendo otros que aportan más con menos agua (como el viñedo o el olivar). O del entorno de Donaña, donde, como indican estos investigadores, la agricultura consume ya desde hace tiempo parte del agua que se calcula que necesita la naturaleza del espacio natural. Lo que plantean estos expertos es: ¿No sería interesante dedicarse a los cultivos que dan más valor económico con menos agua e importar más de aquellos como los cereales de países con más agua verde? “De más cultivos y empleos por gota, hay que cambiar a más dinero y naturaleza por gota”, incide Aldaya.

Por supuesto, hay que dejar claro que la huella hídrica sólo es un indicador más. “También deben tenerse en cuenta otros como la huella de carbono (CO2) o la de huella ecológica”, precisa Garrido, que considera muy positivo que algunos productos empiezan a informar ya en su etiqueta de su huella hídrica.


(1) Existe cierta confusión por el hecho de que la metodología de huella hídrica computa a la vez el agua de riego (el agua azul) y la de lluvia (el agua verde). Obviamente, en un país semiárido como España la más importante es la primera, pero resulta interesante ver cómo cambia el color del agua para un mismo producto en función de los países, o en función de si se está en un periodo seco o uno húmedo.

(2) De acuerdo a los datos de Garrido, la mayor parte del agua en la agricultura de España se gasta en cereales: 5.500 millones de m3 de agua azul y 5.000 millones de m3 de agua verde.

Fuente: EcoLab

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s