¿Cuanto contamina el papel reciclado?

Flujos de comercio del papel reciclado

Buena parte del papel y cartón usado que se recupera en España para reciclar termina dentro de un barco en dirección a China. Aquel residuo que un ciudadano tiró al contenedor azul es a menudo comprado por empresas asiáticas y puede pasarse unos 28 días navegando por mares y océanos para ser reciclado al otro lado del mundo. Quizá en un tiempo regrese de vuelta, aunque transformado esta vez en el embalaje de un televisor o de cualquier aparato electrónico con la marca “made in China”.

En los últimos años, han aumentado de forma rápida los cargamentos de papel usado (y envases de plástico) que salen de puertos europeos hacia el continente asiático. En España, donde se recuperan cerca de 4,6 millones de toneladas (en torno al 68% del papel que se consume), las exportaciones han pasado de 274.600 toneladas en 2004, a 729.400 en 2008 y casi un millón en 2009, yendo también la mayor parte de ellas a Asia, principalmente, a China.

En este caso, no se trata de basura enviada a países más pobres para deshacerse de ella. Todo lo contrario. Lo que los ciudadanos tiran por la boca del contenedor azul constituye un material más valioso de lo que parece, y con implicaciones económicas a escala global. No en vano, la dura competencia del gigante asiático en la compra de esta fibra de celulosa a los ayuntamientos afecta de forma directa a las empresas europeas. “Hemos parado hoy una de las máquinas porque no tenemos papel recuperado y hay plantas en Europa que están cerrando”, se lamenta Miakel Wirén, director de la enorme fábrica de Holmen Paper en Fuenlabrada (Madrid), donde llega todo el papel recuperado en la capital del país para darle una nueva vida en forma de periódicos, revistas o guías telefónicas. “China sólo puede seguir vendiendo sus productos fuera si tiene materia prima para fabricar también los embalajes, en Europa tenemos ya papel recuperado de sobra, pero si sale más del que necesitamos, la especulación se dispara”, incide Wirén.

Este papel recuperado se va para China y, a la vez, las fábricas españolas traen del exterior para reciclar fibra de otros países, principalmente, europeos. Es el mercado internacional. Sin embargo, esta no es una mercancía como cualquier otra. En los contenedores de los navíos mercantes viaja un papel que se supone que ha sido recuperado para ser reciclado con el propósito de reducir el gasto de materias primas y de energía. ¿Tiene sentido transportar tan lejos un material del que se espera una ganancia ambiental? Esto mismo es lo que se ha preguntado la organización británica Waste & Resources Action Programme (WRAP), que ha calculado las emisiones de CO2 que implica transportar ese papel hasta China para reciclarlo allí.

Desde el Reino Unido, estos buques salen principalmente de puertos como Southampton y descargan en destinos como Gungdong oShandong: un largo viaje de entre 17.635 y 19.492 kilómetros. En emisiones, esto significa entre 154 y 213 kilos de CO2 por tonelada de papel transportado. Una cantidad nada despreciable, aunque todavía bastante menos del ahorro medio de CO2 que estiman que se consigue por el hecho de reciclar el papel (unos 1.300 kilos de CO2 por tonelada). La ventaja energética y ambiental del reciclaje del papel es tan amplia como para que exista margen para llevarlo hasta China. No obstante, WRAP considera que si bien los resultados muestran que este tipo de exportación resulta “sostenible”, no son suficientes para inferir que sea “deseable”.

Sobre esto mismo, la directiva 2008/98/CE (aún no traspuesta en España) introduce en Europa algunas cautelas en lo que se refiere a la salida y entrada de residuos en relación a los conceptos de autosuficienciaproximidad. Aunque, como explican desde el Ministerio de Medio Ambiente, mientras no sean peligrosos, esto no restringe realmente la libertad de movimientos de los desechos. Esta libertad puede incluso ampliarse, pues esta misma directiva introduce otra novedad: la posibilidad de que un residuo deje de ser considerado como tal. Según Medio Ambiente, la Comisión Europea estudia ahora mismo cómo aplicar el fin de la condición de residuo para ciertos materiales. Y esto implicaría que dejarían de estar regulados por las normas de los residuos para obedecer únicamente las leyes del mercado. Habrá que tener cuidado con lo que uno tira a la basura.

Fuente: Ecolab

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